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Retrospectiva de Mari Dapena en el Museo de Las Encartaciones

Mari Dapena (1924-1995) es una de las artistas más relevantes que ha dado Bizkaia en el siglo XX. Coetánea y compañera de creadores como Ismael Fidalgo, Agustín Ibarrola, Dionisio Blanco, Blas de Otero o Gabriel Aresti, su vida giró en torno a su arte y su lucha contra el franquismo. La muestra retrospectiva del Museo de Las Encartaciones (Sopuerta) hace un recorrido vital y artístico de 50 años de creación, con más de cincuenta obras suyas que van desde los años 40 hasta principios de los 90, y en donde podremos encontrar óleos, grabados y obras escultóricas.

Pintora, grabadora, escultora, escritora... Dapena fue una artista polifacética que participó en la actividad artística de la postguerra y del comienzo de la democracia. Fue una de las pintoras de las primeras exposiciones itinerantes de 1956 y miembro de Estampa Popular de Bizkaia que aunaba el arte -a través del grabado- y la lucha contra el franquismo. Se integró en el Grupo Emen, más tarde en el Indar y acabó creando su propia galería.

El museo encartado propiedad de las Juntas Generales de Bizkaia recupera, parcialmente relegada del olvido, a una artista única de Enkarterri. Mari Dapena, natural de Balmaseda, entremezcló su amor al arte y su compromiso político de manera natural y constante. Y como otros, utilizó el arte no sólo para crear obras artísticas sino para luchar sin tregua contra el franquismo y el totalitarismo.


PRIMEROS PASOS

Sus primeros pasos en el arte los dio de la mano de Rodet Villa y su aprendizaje continuó en la Asociación Artística Vizcaína y en las tertulias artísticas y antifranquistas que se celebraban en el gran Bilbao. Rápidamente convirtió su nuevo hogar de Portugalete en casa de reuniones antifranquistas. Allí se citaban Agustín Ibarrola y su hermano, Blas de Otero, Gabriel Celaya, Jiménez Pericás, Gabriel Aresti y otros muchos.

Pintaba al óleo, con materiales pobres. Temáticas que retrataban el mundo obrero, de trabajo, el de los hogares y también el de la familia. Colaboró en actividades antifranquistas junto a su marido Gonzalo e, imbuida de una profunda conciencia social, decidió realizar (junto a Fidalgo e Ibarrola) exposiciones itinerantes por los pueblos de Bizkaia -una enorme modernidad para su época-, con el objetivo de acercar el arte al pueblo. Y sin olvidar que era una mujer. Una mujer que opinaba de política, que tomaba partido, que hacía arte con mayúsculas… en una época en la que la publicidad del régimen impulsaba una mujer servicial, supeditada al hombre. Y eso le da más mérito a todo si cabe.

Poco después creó, junto a Ibarrola y Dionisio Blanco, Estampa Popular de Bizkaia. Aquí, a través del grabado, creó obras duras, impactantes, políticamente comprometidas y con una alta carga social. Obreros, mineros, arrantzales, mujeres trabajadoras… todo ello y más se reflejaba en grabados que intentaba vender entre las clases populares.


ÉPOCA CARCELARIA

Pero su acentuada lucha antifranquista la llevó a la cárcel al igual que a su marido, tan comprometido como ella, y a otros artistas e intelectuales de la época. Fue en 1962 y estuvo encarcelada dos años, época que relató en su libro ¡Sr. Juez. Soy presa de Franco!. Entre las obras más relevantes están probablemente las que realizó en la cárcel de Madrid donde estuvo presa. Hay tres obras muy interesantes de aquella época.

A su salida se instaló en Santurtzi. Allí, se daban cita gentes de diversas ideologías que querían acabar con el régimen. Se integró en el Grupo Emen, sección vizcaína del importante movimiento artístico llamado Movimiento de la Escuela Vasca. Posteriormente, creó el grupo artístico Indar y fundó una galería de arte en Santurtzi, una modernidad para la época, la Galería Arteta. Y siguió pintando y grabando. Y también tallando madera.


MUJER, ECOLOGISMO Y COLOR

Pero en 1974, con toda su familia, se trasladó a un entorno rural, a la aldea de Nava, situada en el valle de Mena (Burgos). Allí siguió pintando pero su obra evolucionó. La presencia de la mujer en su obra se hizo aún más palpable pues su conciencia feminista era cada vez más clara. Creía en la igualdad entre el hombre y la mujer en una época en la que los derechos de la mujer estaban bajo mínimos. Y también se desarrolla su enorme relación con la naturaleza.

Mari Dapena, en los años 70, cree en el ecologismo. Sus obras se llenan de naturaleza, de mujeres que se metamorfosean con plantas, que protagonizan los cuadros… y también aparece lo onírico, la representación de sueños. Y sigue apoyando al ámbito cultural que la rodea. Los jóvenes balmasedanos de los 80 que buscan un soplo de aire fresco van a la casa de Mari a hablar de arte, cultura y política.

Mari Dapena muere en 1995 a los 71 años. Aunque no dejó escuela influyó a un número enorme de artistas y personas relacionadas con la cultura. Participó en todos los grandes movimientos artísticos desde la postguerra hasta los años 70. Fue una de las impulsoras del arte del grabado en Bizkaia. Cultivó la talla en madera. Y fue una abanderada en la lucha antifranquista algo que pagó, como su marido, con años de cárcel. Reivindicó el ecologismo y la igualdad entre el hombre y la mujer. Una mujer que desarrolló, junto a otras, la base sobre la que pivotan los movimientos feministas actuales. En definitiva, fue una artista absolutamente relevante, ejemplo de una época, de la que ahora el Museo de Las Encartaciones pretende rescatar su historia y su obra.